No quiero mirar, no puedo dejar de mirar

Sé que con esto le voy a dar un disgusto a más de un amigo/a. Tienen gustos cinefílicos más que respetables, pero por aquí no paso. Love Actually (2003) una delas mejores/peores películas románticas que puedes ver.

Domingo de navidad, 4 de la tarde en cualquier canal público o de pago, especialmente alguno de esos hecho para mujeres y “sus cosas”. Que no sé quién les ha dicho que esas sean “nuestras cosas” pero este es otro tema.

Estoy tumbada, con ganas de echarme una siesta y dormir la fiesta de anoche. Tengo el mando en la mano y  yo mando pero no sé qué extraña fuerza hace que deje esta comedia romanticoide una y otra vez. Ya van por lo menos 4. Encima no me deja pegar ojo.

Es facilona, se deja ver. Tiene algo de vídeo clip, historias paralelas y unidas que intentan ser diferentes pero están más vistas que el tebeo. Intenta desesperadamente gustarte con canciones empalagosas, humor de palabras malsonantes y un sentimentalismo pavi-soso. Es una mezcla de El diario de Bridget Jones, Cuatro Bodas y un Funeral, Notting Hill y cualquiera que se le parezca.

Y por último, los estereotipados personajes femeninos me irritan un tanto. Sirvienta, secretaria, devora-hombres, ahí lo dejo.

Como las luces de navidad de mi ciudad,  no me gustan, aturden más que incitan a la alegría pero no puedo dejar de mirarlas.

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Love Actually
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Cuatro Bodas y un Funeral
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El diario de Bridget Jones
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Notting Hill

 

Esperando a Julieta

Deseando que llegue Julieta, la nueva de Almodóvar, que sufrió cambio de título para no confundir al público con el próximo estreno de Scorcese, Silencio.

Parece que el director ha vuelto al cine de mujeres castigadas por las inclemencias de la vida.  Castigadas si, pero no sumisas e impasibles a lo Lars Von Trier. Mujeres fuertes, luchadoras y capaces.

¿Es guay decir que te gusta Almodóvar?  Claro, al principio era la bomba; su estética marginal, sus desnudos, su humor a veces surrealista y una larga lista de Almodovadas. Se ha trillado tanto su figura que a los críticos menos mainstream ya les cansa,  se les repite, dicen que ha perdido chispa, que sus películas están vacías o que siempre vuelven a lo mismo.

Pues a mi me gusta, su estilo es indudablemente personal y, aunque muchos han intentado imitarlo, intransferible. Me encanta y aunque algunos de sus trabajos no me parezcan obras de arte siempre encuentro algo que destacar y recordar.

Julieta se estrena en abril en nuestras salas. Ya os contaré si me sigue gustando.

Arte y sociedad. Sujeto y tradición.

Aunque estrenada el mes pasado, el otro día estuve en el cine viendo The Lobster (Langosta), el último largometraje del griego Yorgos Lanthimos. Al salir de la sala lo primero que me dije fue “¡qué tostón!”. Luego comencé a rascar en cada letra, en cada signo de esa expresión para descubrir tras la exclamación algo más elaborado, una sensación de liberación. La película muestra un mundo sin sentimientos y, joder, funciona. ¿Quién querría un mundo así para los demás y para sí mismo? El ser cabrón/a es la metafísica que caracteriza al monstruo con el que sueña la Razón absolutamente dominadora. La cabroneidad es el ser que habita en los personajes de Colin Farrell, Rachel Weisz y en todos los que van apareciendo a lo largo del distópico film. La frialdad de esa sociedad se muestra en la acción que se va desarrollando secuencia a secuencia en unos escenarios perfectamente construidos para tal fin. Tonos azules y verdes como sacados de los filtros favoritos de un lánguido instagramer, lagos que reflejan un cielo gris casi blanco, cristales que dejan pasar las nubes, luminosidad de lo inerte, marrones que mueren devorados por el moho y el oscuro musgo de un húmedo bosque, cemento limpio en una ciudad limpia, movimientos al compás de música clásica, imágenes a cámara lenta y una eternidad sin brillo ni contraste. Esta es la grandeza de la película. Todo cuadra. No se trata sólo de conjugar bien un buen argumento. Es en la misma medida el estilo. El Qué y el Cómo haciendo la obra verosímil.

 


Pues bien, en el mismo mes de enero pero 20 años antes se estrenó en las salas de nuestro país
La Haine (El Odio), de Mathieu Kassovitz. El tipo se lo monta tal que así: elige el blanco y negro para contar una historia de los suburbios, usa en el momento adecuado largos planos secuencia para describir un día en la vida de unos chavales secuestrados por la realidad y pone a Cut Killer remezclando Sound of Da Police de KRS-One y Non, Je Ne Regrette Rien de Edith Piaf. Con estas herramientas, entre otras, muestra la historia de una sociedad que cae, y que a medida que va cayendo se repite para serenarse: por ahora va bien, por ahora va bien, por ahora va bien. De eso es de lo que hablo. No de cine de arte y ensayo, no de ejercicios de estilo. Hablo de matar a Kant y al arte autónomo y resucitar a Theodor Adorno y las relaciones entre arte y sociedad.


Hablo de
Ran, sí Ran, del maestro Akira Kurosawa. Película también capricornio pero estrenada hace ahora 30 años. En ella reinterpreta una historia ya contada en la Historia Regum Britanniae de 1135 y en El Rey Lear de William Shakespeare de 1605 ubicándola en el Japón feudal. Planos panorámicos para los soldados tomando posiciones en el campo de batalla, cada uno con su banderín del color de su clan: arminiosa coreografía en amarillo, rojo, azul y negro. Contrapicados que acentúan la fuerza del Gran Señor. Picados que persiguen al mismo personaje cuando ha perdido la cordura y su mirada huye de sí mismo para intentar encontrarse. La ingratitud de los hijos expresada en la violencia y los ríos de sangre, la vejez en la premonición de los sueños que anticipan su soledad y la locura traída por las extrañas nubes. Todo tratado y contado de forma magistral para que la obra de arte surja no solo de la dialéctica que se cuece en su interior sino para que la obra de arte trascienda sus propios límites y se sitúe en múltiples lugares entre sujeto y tradición.

“Expediente X” – Nostalgia en seis tomas

Ya no hay tensión sexual entre los agentes especiales Mulder y Scully, pero sí un drama íntimo y personal que da el giro que se merece a esta mítica pareja. Los nuevos seis capítulos de la última temporada de los archivos clasificados del gobierno estadounidense se mantienen fiel a su tesis: La verdad está ahí fuera.

Quiero creer que será una gran temporada y espero que vosotros no os la perdáis, más si habéis sido fans de la serie desde 1993.

 

“The Expanse” – Ciencia, ficción y política

Ya tocaba una buena serie de ciencia ficción para que los muy fans de Battlestar Galáctica puedan recuperar su sentido de la orientación.

El misterio que rodea esta historia espacial y futurista nos llevará a una sospecha difícil de asumir: hay una conspiración para acabar con la humanidad.

Una joven desaparecida, una nave a la deriva, un planeta tierra politizado y enfrentado a Marte y un asentamiento espacial del que poco se conoce son los ingredientes con los que se inicia este dramático viaje de estética cuidada hasta el extremo.

Sin duda algo con lo que la propia cadena SyFy está deseando deleitarnos y así perpetuar su status quo en las producciónes de ficción. Eso sí, lamentablemente, aún no está disponible en España. 

Las chicas Bond nunca ganarán un Oscar

La femme fatale de Bond es como Pepi, Luci, Bom, una chica del montón. No es protagonista de la historia y no sufre la presión interpretativa de la narrativa, pero exprime su cometido hasta las últimas consecuencias: seduce y se deja seducir.
Léa Seydoux ha sido la última víctima de esta saga 007 y la única motivación que he tenido para atreverme con al menos una de la colección.

Ahora pienso reventaros con toda ligereza Spectre o al menos juzgar sin criterio a esta cinta de acción protagonizada por un caballero de ficción de gustos exquisitos: Bond, James Bond. Avisados estáis.

Cual premonición, el videoclip que da entrada a los créditos nos desvela las caracterísitcas del personaje. Por si no quedaba claro por la promo de ésta y sus versiones anteriores desde 1965, James Bond está muy bueno, muy cachas y va a por todas.

Aunque “los muertos están vivos” y vivimos nuestra primera singular aventura en México en lo que viene pareciendo una celebración de El día de los muertos, nada más sucede allí excepto que todo aquello queda destrozado incluido el corazón de la muchacha que aún lo espera en el hotel.

La inteligencia británica sabe que este comportamiento es intolerable y decide rastrear todos los movimientos de su empleado hasta las últimas consecuencias y el final de sus sábanas si es necesario. A partir de aquí todo es goce, acción y entretenimiento y algún que otro silencio sugerente donde el personaje parece hablar por encima de sus palabras.

No le pongo quejas a Daniel Craig que da la talla más allá del traje. Ni siquiera a lo inverosímil de las persecuciones provocadas por forzadas casuísticas en busca del malo malísimo, resueltas por cierto con una técnica espectacular. Sin embargo, si hay algo que no le perdono a la cinta después de haberme atrevido a romper mi voto de castidad ante este estereotipo masculino facilón es su predecible relación amorosa con la doctora Madeleine Swann.

No ya porque aburridos de tanta gresca decidan gozarse y soltar toda la adrenalina que acumulaban desde su primer encuentro sino por la manera tan trillada de ‘recuperarla’ y convencerla de que están mejor juntos que separados. Y es que desactivar la bomba del edificio donde está tu chica es a la película de Bond lo que la persecución de tu novia a la fuga camino al aeropuerto para cualquier comedieta romántica de la hora de la siesta, es decir, un topicazo sin gracia que llega a durar más de quince minutos.

En fin, me quedo con el Craig de Millennium y con la Léa de ‘La vida de Adèle‘ y con ellos en mi mente intentaré olvidar lo que ha terminado siendo una película más para machos alfa que aún requieren un manual de instrucciones.