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Cicloteca 2: ¿Quién es más fuerte?

 

Cuando un conjunto de películas presentan rasgos estilísticos, de ambiente, de formato o temáticos tangentes conforman un género, si además muestran una especialización en una materia muy concreta podríamos empezar a hablar de que existe un subgénero. Por lo tanto, me gustaría plantear la siguiente pregunta: ¿existe el cine versus como subgénero?

La respuesta es sí. Voy más lejos, podríamos aseverar que Batman V Superman: El amanecer de la justicia (Batman V Superman: dawn of the justice, Zack Snyder, 2016)   es el espaldarazo que nos permite anunciar la validación de un subgénero como tal, con sus cánones y sus reglas. El cine versus es un subgénero que proviene principalmente del género fantástico, de terror y de ciencia ficción, terrenos cinematográficos propensos al nacimiento de subgéneros. Pero, ¿en qué consiste una peli versus? Pues muy fácil; se trata de aquellos filmes que plantean una pelea, normalmente poco justificada y con un marcado sentido de la “maravilla” y el “espectáculo”, entre dos iconos de ficción con cierto calado emocional en el fandom.

Si echamos la vista atrás podemos encontrar el origen de este subgénero en los últimos coletazos de la edad dorada del terror de la Universal. Los productores, para conseguir que el público continuase asistiendo a las salas a gritar, plantean que si un monstruo no llama la atención quizás dos sí lo hagan. Así nace Frankenstein vs. el hombre lobo (Frankenstein meets The wolf man, Roy William Neill, 1943), primera cinta en llevar el término crossover a la gran pantalla.

En el mundillo de los cómics el interés adolescente de conocer qué personaje es el más fuerte ha llevado a los editores a utilizar el recurso del crossover y del versus en numerosas ocasiones, llegando a editar enfrentamientos de todo pelaje, los obvios intraeditoriales, como por ejemplo: Superman vs. Wonder Woman; algunos realizados entre editoriales rivales, como Batman vs. The Incredible Hulk o algunos incatalogables como Superman vs. Muhammad Ali. Ni el arte de Neal Adams evita que el tufillo serie B esté presente.

muhamad

 

Entonces, ¿cuáles son los rasgos que debe tener una película versus?

Primero: tener VERSUS (o un verbo que indique enfrentamiento) en el título. ¿Entonces Kramer vs. Kramer (Robert Benton, 1979) pertenece a este subgénero? Pues evidentemente no. ¿Por qué? Léase el punto segundo.

Segundo: dos personajes icónicos, enmarcados dentro del cine fantástico y normalmente del mismo signo, están condenados a darse de mamporros en algún momento del metraje. La combinación, para que la curiosidad pique más al potencial espectador, suele ser malo versus malo o bueno versus bueno.

Tercero: solían ser películas vinculadas a la decadencia de alguna productora o al ocaso de la moda de algún género.

Por lo tanto, coge las palomitas y tu refresco de cola favorito, porque vamos a elaborar una Cicloteca basada en el cine versus para completar el visionado de Bats V Supes.

¡Que empiece el combate!

 

Frankenstein vs. el hombre lobo (Frankenstein meets The wolf man, Roy William Neill, 1943)

Ya he hablado anteriormente un poco de este título; película fundacional del subgénero.

Su proceso de realización es un anecdotario que carga de valor a la peli. Está protagonizada por dos de los pesos pesados de la historia del terror de la Universal: Lon Chaney Jr. repitiendo en el papel del Hombre Lobo, y Bela Lugosi metido en la piel de la criatura de Frankenstein. Papel que él mismo repudió y atacó cuando lo interpretaba su “rival”, Boris Karloff.

Curiosamente Lon Chaney Jr., que venía de interpretar al moderno Prometeo en El fantasma de Frankenstein (The ghost of Frankenstein, Erle C. Kenton, 1942), iba a ser el intérprete absoluto del film, es decir, se iba a encargar de los dos personajes; pero las dificultades técnicas hicieron que se abortara esta idea.

La historia comienza en continuidad directa tanto de El hombre lobo (The wolf man, George Waggner, 1941) como de El fantasma de Frankenstein. El punto de partida presenta al personaje de Lon Chaney Jr, Larry Talbot, muerto y enterrado en el panteón familiar. Unos profanadores, que no tienen otro momento para saquear tumbas que una noche de luna llena, abren el enterramiento. La luz de la luna devuelve a Talbot a la vida y, por tanto, al licántropo. El peludo monstruo vuelve por sus habituales fueros; muerto por aquí, degollado por allá. Así, tras unas cuantas noches de “juerga”, Talbot recupera el control y acepta un consejo: ir a ver el famoso Doctor Frankenstein, una mente privilegiada que puede acabar con su doble identidad. De esta manera queda abonado el terreno para que las dos criaturas, al final de la cinta, se den un par de tortas bien dadas, aunque la escaramuza dura bastante poco.

Película no apta para muy fans de Lugosi, ya que su Frankenstein es de inefable torpeza.

 

bela lugosi

 

King Kong vs. Godzilla (Kingu Kongu tai Gojira, Ishirô Honda, 1962)

Dentro del género del Kaiju-eiga (películas japonesas de monstruos gigantes) hay múltiples ejemplos de películas versus. En ellas, Godzilla, el monstruo atómico nipón por antonomasia, se enfrenta a diversos engendros que amenazan su propia vida, cuando aún es malvado, o a todo el Japón, cuando se convierte en antihéroe.

King Kong vs Godzilla tiene su interés al tratarse del debut del Kong de la Toho, productora japonesa propietaria de los derechos de Godzilla, y por ser la primera vez que vemos a ambos monstruos a color. También conocido como Kaiju Kong, el simio gigante obtiene la categoría de monstruo al ser completadas sus habilidades con ciertos poderes (absorbe las características principales de los elementos: hielo, fuego, electricidad, etc.) y con un mayor tamaño.

Dirigida por uno de los padres de Godzilla, el siempre interesante Ishirô Honda, King Kong vs. Godzilla es la tercera entrega de la saga original, en ella el coloso peludo es enviado a detener al escamoso: coletazos, rayos eléctricos de 1.000.000 de voltios, aliento atómico, el Monte Fuji como ring… Diversión pura.

Warner y Legendary Pictures pretenden llevar a la gran pantalla un nuevo Godzilla vs. King Kong en 2020, perpetuando el subgénero que nos ocupa un poco más. Planteando una hoja de ruta ya abierta por Godzilla (Gareth Edward, 2014), cuyo siguiente paso será la precuela Kong: skull Island (Jordan Vogt-Roberts, 2017), con estreno previsto para el próximo año y que continuará con Godzilla 2 (Gareth Edward) en 2018, película que nos dejará en la antesala de la capuana de proporciones titánicas.

king kong

 

 

Freddy contra Jason (Freddy vs Jason, Ronny Yu, 2003)

Si eres fan del género slasher y te encantan los psicópatas enmascarados que degüellan jovenzuelos/as ligeros/as de cascos, ésta te va a resultar una de las películas más divertidas de esta selección de títulos versus.

Siguiendo la tradición ya comentada de la Universal, los productores de New Line Cinema intentaron durante toda la década de los 90 poner en marcha un crossover entre dos de los iconos más destacados del cine de terror ochentero: Freddy Krueger, protagonista de la saga Pesadilla en Elm Street, y Jason Voorhees, sanguinario oficial de la franquicia Viernes 13. Los productores de ambas sagas, adelantándose al boom de Marvel Studios, plantean un inicio del cruce de ambos personajes en las entregas “finales” de las dos series. Pesadilla Final: la muerte de Freddy (Freddy´s dead: The final nightmare, Rachel Talalay, 1991) acaba con el viaje de Freddy al mismo averno y, por eso, en los últimos minutos de Viernes 13 IX: Jason va al infierno (Jason goes to hell: the final Friday, Adam Marcus, 1993), aparece el mismísimo Krueger (aunque no interpretado por Robert Englund) para llevarse la famosa máscara de hockey al infierno. El pésimo resultado en taquilla y de crítica de ambos filmes hace que la productora desista del intento de unirlos en un solo título.

En 2000, en pleno revival slasher, gracias al fenómeno Scream, el proyecto se reaviva. Muchos guionistas y directores después, en 2003, el director de origen chino Ronny Yu se pone tras la cámara para inmortalizar el duelo entre las cuchillas de Freddy y los machetes de Jason.

Freddy Krueger, poco acomodado en el infierno, repara en que los habitantes de Elm Street viven cada vez más tranquilos, han conseguido diluir su leyenda. Trama un plan, sencillito: la mejor manera de volver a estar presente en el mundo real es manipular al mismísimo Jason, también en el infierno, por cierto, resucitarlo y mandarlo a que siembre el caos y el horror en su nombre entre la muchachada del pueblo de Springwood. Pero Jason se viene arriba y la cosa se le va de las manos a Freddy. Total, que terminan dándose guantazos, y alguna que otra patada de arte marcial, en un clímax repleto de idas y venidas entre la realidad y el mundo onírico. Un disparate maravilloso.

 

freddy

 

 

Alien vs Predator (AVP: Alien vs. Predator, Paul W.S. Anderson, 2004)

 

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Este fotograma perteneciente a Depredador 2 (Predator 2, Stephen Hopkins, 1990) es un guiño a un proyecto que FOX, productora propietaria de ambas franquicias, estaba rumiando por aquella época: enfrentar en la gran pantalla a dos de las razas extraterrestres más belicosas de la historia del cine.

Alien y Predator llegan al siglo XXI en vía muerta. El xenomorfo no pisa una sala de cine desde Alien resurrección (Alien: Resurrection, Jean-Pierre Jeunet, 1997), un fallido film de ciencia ficción de auteur dirigido por Jean-Pierre Jeunet. Predator, por su parte, estaba en una situación aún peor; no protagonizaba una película desde su secuela realizada en 1990. Sin embargo, a finales de los 90, la editorial Dark Horse, encargada de plasmar ambas franquicias en viñetas, lo peta con la miniserie Aliens vs. Predator. Así las cosas, algún lumbrera de FOX decide que el enfrentamiento entre las dos criaturas, si ha funcionado en el cómic, debe funcionar en el celuloide.

¿Qué podía fallar? Paul W.S. Anderson.

Alien vs. Predator se rueda en 2004, tras múltiples rumores que hablaban de una posible quinta entrega de Alien con Ridley Scott en la dirección. Anderson (no confundir, por amor de Dios, con Paul Thomas Anderson) construye una película sin mucha trama, el único objetivo del filme es que ambas razas se den de leches, vender muchas entradas y, de paso, algún que otro muñeco. Así que todo el rollo de la pirámide y los intentos de Paul de emular al viejo Ridley lo puedes pasar x2 y darle al play en el momento del combate de los dos bichos. Peleitas algo confusas y oscuras que tienen algún que otro momento destacado.

¿Cosas que jamás deberían haber ocurrido tras esta peli? Alien vs. Predator 2 (AVPR: Alien vs. Predator: Requiem, Colin y Greg Strause, 2007). ¡Una secuela! Y, como soñar es gratis, Prometheus (Ridley Scott, 2012).

 

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¿Quién dijo que ver pelis versus era fácil?

El cine versus en la actualidad disfruta de buena salud, acaba de llegar a las salas de cine una nueva producción que creo que, aunque no lleve el vs. en el título, pertenece a este subgénero,  Capitán America: Civil War (Captain America: Civil War, Anthony y Joe Russo, 2016). El héroe abanderado y Iron Man, antes amigos y compañeros, lideran dos bandos de superhéroes enfrentados por una decisión polémica; la ensalada de puñetazos está servida.

Como suele exclamar el bueno de Ben Grimm: “¡Es la hora de las tortas!”

Cicloteca 1: Mariano Ozores

96 películas de ficción.

Más de 100 guiones.

Una producción anual que oscilaba entre cuatro y seis películas por año. Cuatro semanas de rodaje, 1982 le sale a una película cada tres meses.

Más de 70 millones de espectadores.

Todos estos datos pertenecen al señor que ha recibido el Goya de Honor 2016 con 90 añazos: Mariano Ozores.  Bien por los que se han acordado de él aunque sea tarde.

Hasta aquí pura objetividad, demos paso a la subjetividad.

Don Mariano Ozores, currante del cine; peculiar, no lo niego. Este director, denostado por la intelectualidad y amado por el español-vulgaris, nos ha hecho reír a todos. Sí, a todos, incluso a ese que está viendo una de Béla Tarr mientras yo escribo esto. Para mí eso es hacer el trabajo bien hecho. Sin duda hay muchas cosas, formales y de contenido, del cine de Ozores que son difíciles de defender y que pesan mucho a la hora de catalogar su cinematografía: la foto es discutible, el abuso del zoom, los desnudos gratuitos (?), lo carpetovetónico, los doblajes, etc. ¿Y los hallazgos? El humor absurdo e irreverente, la química generada entre sus parejas protagónicas, el concepto industrial de hacer cine, la capacidad de captación de público, la constante de estar pegado a “su actualidad”, lo que hace de sus pelis auténticos documentos sociológicos valiosísimos, esas cancioncillas pegadizas maravillosas (“¡Currante, y a currar!”)…

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La verdad es que mi cariño hacia su cine me nubla la vista. Recuerdo quedarme maravillado en el videoclub observando esas portadas en las que Esteso y Pajares, caricaturizados, aparecían rodeados de chicas en ropa interior. Adoro a esa pareja de tarambanas y sus comentarios entre dientes, su capacidad de parecer el auténtico vecino del quinto (con esto no quiero que parezca que considero que Landa no era el auténtico vecino del quinto). Al igual que Esteso y Pajares, prácticamente todos los protagonistas de las películas de Ozores representan al español de a pie, el pícaro del siglo de oro actualizado a las décadas de los 60, 70 y 80, que es capaz de hacer la locura/ruindad más inverosímil con tal de sobrevivir o, simplemente, de vivir y pasarlo bomba.

Y como sus personajes, Ozores es un cineasta circunstancial, que se adapta al medio. La ley Miró lo apartó del mapa de nuestro cine, por ser demasiado comercial y algo rancio, pero él continuó trabajando en el sector del vídeo, llevando a cabo su época más inefable en la que generó películas subproducto de irrisorio presupuesto y exceso de caspa.

La gran noticia del Goya de Honor nos obliga a abrir nuestra Cicloteca con uno de los mejores planes posible para los días posteriores a la entrega de premios, una “maratónOzores”. Parafraseando al lumbreras que redactó la sinopsis del VHS de La loca historia de los tres mosqueteros: una lista para terminar “Arthos” de reírse.

La hora incógnita (1964)

¿Mariano Ozores realizando un drama con tintes de ciencia ficción sobre el pánico nuclear? Sí, señor. Película de gran presupuesto para el momento pero de nula repercusión en taquilla. Tal fue el descalabro económico de la cinta que Mariano Ozores tomó la decisión de que solo rodaría  películas que quisiera ver el público.

Para curiosos: el otro filme de Don Mariano que se sale del género de la comedia es Veredicto Implacable (1987). Alerta, que se trata de una película de ninjas con Jesús Puente. Efectivamente, de la época inefable.

La hora incógnita

 

Cristobal Colón, de oficio… descubridor (1982)/La loca historia de los tres mosqueteros (1983) 

Una u otra. Como me costaba decidirme, pongo las dos ex aequo.

Estamos ante dos parodias de época. Don Mariano, posiblemente influenciado por el éxito de las spoofs movies de Mel Brook (El Jovencito Frankestein, 1974)  y de Abrahams y los hermanos Zucker (Aterriza como puedas, 1980); hace una digna adaptación patria de este subgénero de la comedia made in USA. Humor referencial lleno de anacronismos y caras conocidas.

Cabe destacar que la de los Mosqueteros está protagonizada por Martes y Trece cuando eran tres, y que Antonio Ozores nos regala un hilarante Cardenal Richelieu con el vientre suelto debido a un atracón de ciruelas.

Cristóbal Colón, de oficio… descubridor

 

Manolo, la nuit (1973)

Mariano Ozores, junto a Tito Fernández (No desearás al vecino del quinto, 1970) y Pedro Lazaga (París bien vale una moza, 1971), conforma el brazo armado del landismo. En Manolo, la nuit (1973) nos encontramos frente a una de las películas fundacionales de este subgénero genuinamente ibérico: voz en off inicial, ¡Toooorremoooolinoooos!, bellas guiris en bikini, musiquilla guasona y Don Alfredo paseándose, pelazo en pecho, por las playas de la Costa del Sol. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Manolo, la nuit

 

¡Cómo está el servicio! (1968)

Palabras mayores. Gracita Morales, José Luis López Vázquez, José Sacristán, Irene Gutiérrez Caba entre otros grandes de nuestro cine pretérito. Una de las joyas de la corona del maravilloso dúo que formaban Gracita y López Vázquez. Ozores, más listo que John “Hannibal” Smith, como ya sabéis, también realiza con esta pareja un gran número de comedias que fueron pelotazos en taquilla. Historia costumbrista de chica de provincias que se traslada a la capital para hacer dinero y encontrar el amor.

El título de esta cinta ha trascendido el universo fílmico convirtiéndose en una frase hecha de nuestra lengua. ¿Quién no lo ha dicho alguna vez imitando la voz aguda de Gracita Morales?

¡Cómo está el servicio!

 

Los bingueros (1979)

Estado de gracia, obra maestra; cenit del dúo Pajares y Esteso.

Tras la liberación del juego en España, muchos ciudadanos pensaban que el bingo era una manera fácil de hacerse millonario. Fue tal la fiebre por el juego de los cartones que muchos se arruinaron debido al cuento chino de la inmediatez del premio en los bingos. Esto es lo que retrata Ozores, desde la óptica de la comedia más disparatada, en Los bingueros. Me atrevo a decir que estamos ante una comedia social, como las que hacen los británicos, de inmediata actualidad en 1979 aunque realizada desde la óptica del destape más fresco.

Me sigue fascinando la secuencia en la que los protagonistas van a la casa de dos chicas del bingo y una de ellas les ofrece caballo con la tranquilidad del que ofrece agua mineral con gas:

-¿Qué queréis? ¿Whiskys, Coca-Cola con aspirina, un porro…? ¿O le dais al caballo?

A lo que Pajares responde:

-¿A qué caballo?

Un must-see en toda regla.

Los bingueros

 

Son solo cinco títulos los que conforman esta Cicloteca sobre Mariano Ozores. Películas que dan una visión general de lo que ha sido su cine a lo largo de casi tres décadas. Se han quedado fuera títulos interesantes como Fin de semana al desnudo (1974), La llamaban La Madrina (1973) o La graduada (1971), las tres de su etapa con Lina Morgan; la trilogía Operación  Secretaria (1966), Operación Cabaretera (1967), Operación Mata-Hari (1968) protagonizadas por Gracita Morales y Jose Luis López Vázquez, así como, algún que otro título mítico de su etapa Pajares-Esteso como Yo hice a Roque III (1980), El Currante (1983) o El Liguero Mágico (1980), estas dos últimas sólo con Andrés Pajares.

Don Mariano siempre ha contado con los aplausos del público. En la pasada gala de los Goya el círculo se cerró, la deuda se ha saldado, ya tiene también la ovación de la profesión tanto tiempo reclamada por muchos.

Luis García Berlanga defendió públicamente a Ozores en múltiples ocasiones. ¿Quiénes somos nosotros para llevarle la contraria a Dios?