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El futuro ya no es lo que era, no la veas.

Esta mañana se me ocurrió ir al Teatro Cervantes de Málaga a ver el pase de prensa de El futuro ya no es lo que era, candidata a la Biznaga de Oro en el Festival de Cine Español.

EL-FUTURO-YA-NO-ES-LO-QUE-ERA-by-Enrique-Baró

¿Cómo me sentí como filósofo que ha estudiado 2.500 años de historia del pensamiento occidental? Pues os lo digo, como cualquier otra de las personas que estaban en la sala. No se puede aguantar tanto panfleto bienpensante, simplón y pretendidamente aleccionador de lo que es la vida y la felicidad. Como espectador no me he sentido identificado con ningún personaje. El guión parece como si forzara a los actores a hacer algo que no quieren. El resultado son escenas que bien se podrían haber grabado con cada actor por separado y luego haberlos juntado en la edición de la cinta.

Comedia que no funciona. No se la recomiendo a nadie.

Cerca de tu casa, musical de género social.

Gran ovación del público asistente ayer a la proyección de “Cerca de tu casa”, de Eduard Cortés, dentro de la sección de largometrajes a concurso de la 19 edición del Festival de Cine Español de Málaga.

La película analiza la injusticia de los desahucios en la sociedad española contemporánea, donde el Estado de Derecho deja de funcionar como debería y no protege a los ciudadanos. La solución que plantea la película es ejercer la libertad de asociación para enfrentar a los poderes fácticos influyendo en el aparato del Estado, incluso desde la desobediencia civil si hiciera falta.

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“Cerca de tu casa” dirige nuestra mirada a cuando estalla el problema de los desahucios. Los ciudadanos son las víctimas y las presenta en principio como un elemento pasivo. No se le puede imputar ninguna responsabilidad a un ciudadano que compra una vivienda para sentirse normal, animado por los bancos que le prestan el dinero para eso y más. Lo que no se ve en la película es que los ciudadanos sienten la necesidad de adquirir una vivienda para ser normales también jaleados por la publicidad y los gobiernos, que ven en ello una oportunidad de negocio en lugar de un derecho constitucional.

El poder legislativo ni se nombra en la película. Es sintomático porque realmente los diputados no han movido un dedo para atajar el problema y es lo que refleja Eduard Cortés en su cinta.

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El poder ejecutivo es cinismo puro. La reacción ante el problema es actuar a través de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado: los antidisturbios. Así convierte a las víctimas en culpables a la vez que esconde su responsabilidad de haber fomentado la burbuja inmobiliaria.

El poder judicial es retratado como un poder capaz de garantizar los derechos de los ciudadanos que tienen tiempo y dinero, algo de lo que carece quien está a las puertas de un desahucio.

Por último quedan los bancos. Un poder fáctico, un lobby de presión que se aprovecha de los ciudadanos mientras el Estado mira hacia otro lado.

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Sentí indignación al ver cómo la película me recordaba que el Estado de Derecho de nuestro país está herido de gravedad. Me emocioné con las historias personales de Sonia, Dani, Mercedes, Martín, Tomás, Pablo y Jaime. La vergüenza, el miedo, el vértigo, la incomprensión, el amor, la violencia y el perdón anticiparon la catarsis, por llamarlo de alguna forma, del final con el que es imposible no pensar en la PAH, que aunque no se nombra, está ahí como el camino correcto a seguir.

Las plataformas y asociaciones de ciudadanos, movidos por los mismos intereses, que se juntan para luchar por lo que creen justo y dispuestos a llegar a la desobediencia civil, debería ser algo normal en toda sociedad que sepa regenerarse. Como un musical en el cine español, no es algo imposible y, a veces, sale de puta madre.

 

Gernika, la mejor peor película del festival

Veintiséis de abril  de 2016, doce horas y 13 minutos de la madrugada, Málaga, Teatro Cervantes, 19 Festival de Cine Español, pensamiento: ‘Gernika se merece otra película‘.

El aniversario de uno de los peores eventos de nuestra historia, el bombardeo a la población civil de Guernika en al año 1937 por la Legión Cóndor fascista alemana marcaba el contexto ideal para estreno del último largometraje de Koldo Serra. Sin entender muy bien por qué hemos tardado tanto tiempo en contar en el cine español con esta historia y agradeciendo al director el atrevimiento sentimos comunicar que ‘Gernika’, la película, merece un otra forma de ser contada.

Hablamos de una película que pretende hablar del horror de la guerra, de la importancia del control de la prensa, del fascismo y de la resistencia. Nos encontramos, sin embargo, con una historia de amor llena de tópicos, una trama facilona que atrae sólo cuando empiezan a caer las bombas y vemos sufrir a los figurantes. Gernika es sólo un escenario más y el contexto histórico una justificación para crear una química amorosa inexistente.

Si todo el mérito de esta cinta es ser la primera en hablar sobre Gernika sin ser acusada de guerracivilista le damos un diez. Y por si aún necesita justificarse, referenciamos a Picasso que viene a confirmar que sí, que las guerras son trágicas y tristes.

Lástima que pierdan la ocasión de recordar las palabras del poeta Miguel Hernández

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

Poesía y arte a parte, la fórmula ‘amar en tiempos revueltos’ rompe cualquier posibilidad de salir del cine con un buen sabor de boca. Esta historia de amor consume la paciencia del espectador que desea fervientemente que lleguen los bombardeos cuanto antes por triste que parezca.

La trama

Una joven escritora frustrada trabaja como censora. María Valverde es Teresa, una mujer inconformista pero resignada que decide trabajar al servicio de la república porque así lo requiere su corazón.

Tenemos también al periodista Henry, James D’Arcy, el verdadero protagonista. Novelista de éxito que vive de las rentas con falsas crónicas sobre los acontecimientos bélicos y ha perdido esa autenticidad que deberá despertar su nuevo amor.

Teresa conoce a Henry y a dos periodistas más a los cuales acoge como amigos sin demasiadas preguntas. Henry se enamora de ella y viceversa.

Se pasean por País Vasco, se van a ver a sus padres, comen, ríen, bailan. Sufren los celos de un ex de Teresa que resulta ser su jefe y que les perseguirá toda la película bajo la amenaza previsible de traición – ésta es sin duda la trama más interesante dónde se vive la extorsión a uno de los persojanes y cómo la moralidad del mismo se quebranta.

Seguimos. Coquetean como Romeo y Julieta y hacen el amor como en Titanic, sólo que en esta ocasión es algo más que chirimiri lo que envuelve el beso que marcará el principio del fin. A todo esto, un pin del atleti se convierte en el símbolo más ñoño del vínculo emocional entre los protagonistas. Un pin en la solapa, sí, cual gorra de los Lakers.

Sintiendo mucho los spoilers lo mejor de todo son las escenas del bombardeo, que no llegan hasta después de una hora y cuarto de metraje, justificando sus casi 6 millones de dólares de presupuesto y salvando la ambientación, la fotografía, los efectos especiales y el atrezo con dignidad.

Como decía, Gernika se merece otra película, una que de verdad le dedique tiempo a contarnos cómo esta ciudad se había convertido en objetivo militar. Los antecendentes son importantes. Gernika no fue la primera ni la última ciudad en sufrir un ataque fascista contra civiles y, sin embargo, es ya un símbolo de nuestra historia.

Lo mejor, dentro de lo peor del Festival de Cine de Málaga 2016. A la espera de la respuesta del jurado.

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La propera pell: sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

A mediodía tuve una cita con una madre y con su joven hijo que llevaba ocho años perdido. El lugar elegido ha sido el Teatro Cervantes de Málaga, donde se celebra la 19 edición del Festival de Cine Español. La película es La propera pell, de Isaki Lacuesta e Isa Campo.

Àlex Monner es Gabriel, un joven que con sólo nueve años desapareció en las montañas cercanas a su pueblo. Y también es Leo, un chico con amnesia disociativa que está a punto de cumplir la mayoría de edad. Lleva los últimos años en un centro de acogida francés donde las autoridades se ocupan de menores conflictivos sin familia.

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Emma Suárez es Ana, madre de Gabriel. Después de ocho años recibe la llamada de Michel (Bruno Todeschini), un educador que le asegura que Leo es Gabriel. Así que Ana va a buscarlo y, junto con Leo y Michel regresan al pueblo. Allí todos harán lo posible por descubrir si Leo es o no Gabriel.

La misma duda nos corroe a lo largo de toda la película, al igual que a los propios personajes. La carencia de certeza flota en la gélida atmósfera que todo lo inunda. ¿Cómo acercarse a la verdad si ni siquiera Leo la recuerda? Los personajes tienden a esa verdad de distinta manera.

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Michel confía en su trabajo de investigación que le llevó a encontrar a Ana. Pero su fuerte identificación con Leo hace que le desee un buen hogar por encima de todo. Enric (Sergi López), cuñado de Ana, tiene claro que un niño con nueve años jamás sobreviviría en la montaña con mal tiempo. Y le interesa pensar así por sus sentimientos hacia Ana. Ana quiere creer que Leo es Gabriel por necesidad vital, por llenar el vacío que le dejó su pérdida y porque así podrá salir por fin del pueblo. Y Leo, Leo no sabe si es Gabriel o si tiene que serlo por conveniencia.

Toda la película es un genial proceso de construcción de la verdad y un acercamiento a ella desde la necesidad de seguir adelante.

Lo complejo ha de tratarse con delicadeza y eso hacen Isaki Lacuesta e Isa Campo en este proyecto. No sólo con el guión, también con la relación entre el sonido y la imagen. Como ejemplo la secuencia en la que Leo y Joan suben en moto a la montaña.

Buenas interpretaciones de Emma Suárez y Bruno Todeschini. Muy buena la de Sergi López, un valor seguro aunque inexplicablemente aún no tenga un Goya. Y sobresaliente Àlex Monner, genial de principio a fin.

Callback, los éxitos de ayer son los clásicos de hoy.

Eran las 11 de la mañana y aún no había terminado de escribir la crítica de la película de Ángela González de Molina, Julie, estrenada ayer por la tarde en la 19 edición del Festival de Cine Español de Málaga. Tenía que salir zumbando para llegar a tiempo al pase para la prensa de Callback, de Carles Torras. Mereció la pena la carrera.

En Callback, Larry De Cecco (Martin Bacigalupo) no es un ferviente cristiano evangélico, aunque a menudo busque el apoyo de su pastor. No es un mozo de mudanzas comprometido con su trabajo y con la empresa, aunque se lo asegure con sinceridad desesperada a su jefe. Y tampoco es un actor profesional de anuncios publicitarios, aunque se prepare diariamente para ello y sea a lo que desea con más fuerza.

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Larry sólo es una persona metódica que sigue escrupulosamente los pasos que la sociedad estadounidense contemporánea asegura que debe seguir para tener éxito, para ser alguien, para cumplir el sueño americano.

Éste es el eje central alrededor del cual gira el mundo de Larry. Alquilar un pequeño apartamento junto a un paso elevado del metro de Nueva York. Pasear en coche por el puente de Brooklyn. Contemplar el skyline de Manhattan desde la otra orilla del río. Descubrir un pequeño local donde te sirvan diariamente el mejor bocadillo de la ciudad y buscar la complicidad con el cocinero. Trabajar en un empleo sencillo que le permita sobrevivir mientras lucha por conseguir su sueño. Y creer en Dios.

Desde este punto de vista, no es que sea comprensible el hecho de que la película esté plagada de lugares comunes, es que resulta estrictamente necesario. Entonces, ¿hay algo de originalidad en esta película?

Rotundamente, sí. En la mirada de Larry, que tanto me recuerda a la de Jake Gyllenhaal en Nightcrawler, se refleja su desesperación. Él no ama lo que hace, no lo siente como su vida porque su vida está en suspenso a la espera del éxito y cuando el triunfo está al alcance de sus dedos colapsa.

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Estados Unidos lleva vendiendo el sueño americano desde los años 50 del siglo XX y el fracaso de esta promesa no es ningún secreto. Por eso Carles Torras en Callback pretende algo más que criticar esa mentira, postula la complejidad surgida del choque entre la vida de Larry y aquello que anhela, la dificultad de integrar en su vida aquello que parecía tan lejano y que de repente tiene delante. Porque la cuestión es que todos, obligatoriamente, queremos triunfar y lo que realmente elegimos tal vez sean los detalles más ínfimos de nuestra vida cotidiana. Persigue tus sueños, pero no te acerques demasiado a ellos si no quieres sufrir el vértigo del vacío, sobre todo si no estás muy equilibrado.

La música es genial. La canción Il mondo de Jimmy Fontana sonando mientras Larry toma una copa de Prosecco nos deja una imagen memorable.

Como dijo una vez Larry De Cecco, “los éxitos de ayer son los clásicos de hoy”. Bienvenido al Festival de Cine Español de Málaga, Carles Torras, vuelve cuando quieras.

Quatretondeta: la huérfana, el mudo y Jacques Tati.

Grata sorpresa nos llevamos ayer los espectadores del largometraje a concurso, Quatretondeta, durante su estreno en el marco de la 19 edición del Festival de Cine Español de Málaga. Fundamentalmente por un guión sólido, una buena historia contada por un director novel, aunque no sea un novato en el mundo del cine: Pol Rodríguez.

Según el propio director la obra reflexiona sobre la memoria, y no va desencaminado. La película ahonda en la memoria como diálogo interior y en la comunicación con los demás como fenómeno que posibilita nuestra comprensión de lo que pasa a nuestro alrededor: la memoria como ventana al mundo.

En este sentido, hay tres personajes fundamentales de los que resultan tres formas de comunicarse con los demás según el despertar de su memoria: Tomás (José Sacristán), Dora (Laia Marull) y José (Vicent Montva).

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A Tomás sólo le importa enterrar a su mujer en Quatretondeta, ella constituye el único recuerdo que le impulsa a actuar y a hablar. No comprende nada de lo que pasa a no ser que reestructure la realidad desde ese hecho. Un José Sacristán al más puro estilo Jacques Tati, al menos durante la cómica primera parte de la película. Luego supera al francés.

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Dora , la huérfana, viene a España a liquidar el asunto del traslado del cuerpo de su madre a París. Una madre de la que parece no querer acordarse. Sin embargo, no le quedará otro camino que hablar con una muerta aunque sea a través de sus huellas.

Por último está José y su mirada, un chaval que dejó de hablar tras perder a sus padres y que consigue abrirse al mundo a través de su comunicación con un caballo.

Las escenas cómicas se concentran en la primera parte de la película, y la parte dramática en la segunda mitad. Al unir las dos es donde aparece el único “pero” que le encuentro a la película: el ritmo se trastabilla en esa transición de la historia cuando se desliza cuesta abajo hacia el drama.

Una película de amaneceres, al menos tres conté ayer, donde ante una nueva realidad los personajes descubren sus sentimientos a través de la memoria y la comunicación.

Inconmensurable José Sacristán de principio a fin y buenas interpretaciones de Sergi López, Julián Villagrán, Laia Marull y Vicent Montva. No dudaré en volver al cine en cuanto Pol Rodríguez se anime de nuevo con la dirección.